Memoria del lugar, de la naturaleza y del paisaje en la era del Antropoceno. Preguntas y caminos para considerar nuestra pertenencia a la naturaleza y la Madre Tierra
Ante la situación ecológica alarmante de nuestro tiempo, de la que es responsable el ser humano, no solo es preciso pensar en las medidas y soluciones particulares que habría que tomar para contrarrestar los devastadores impactos medioambientales. Junto al planteamiento de determinadas medidas y antes de diseñar posibles «soluciones» habría que detenerse y hacer memoria. Debemos recordar lo que estamos reprimiendo y explotando para hacer memoria del origen y fundamento que sustenta a todos los seres humanos y no-humanos. En el pensamiento occidental europeo lo que hemos reprimido y explotado es la naturaleza. En la sabiduría de los pueblos originarios, el origen y fundamento que debemos rememorar y respetar es la Madre Tierra. El artículo analiza en la primera parte formas occidentales de recordar la naturaleza mediante el duelo y la nostalgia, que pueden suscitar paisajes destrozados, «enfermos», extinguidos, «de presión» o en peligro. Estas actitudes y sensaciones se contrapondrán en la segunda parte a la manera en la que los pueblos originarios conciben el entorno natural que sienten y viven como su hogar. Como se verá, el lugar que estos últimos habitan mediante sus actividades, ritos y prácticas físico-espirituales no se puede separar de la rememoración de los ancestros tanto humanos como no-humanos y con ello de las incontables y cambiantes relaciones que alberga la Madre Tierra. Hacer memoria significa aquí respetar y cuidar el equilibrio de la Madre Tierra conectando y haciendo confluir tiempos y espacios, lo humano y lo no-humano, lo físico y lo espiritual.
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